Ahorrar en la factura de la luz
Jack y Annie llevaban años trabajando en una gran compañía eléctrica de Estados Unidos. Era una de esas mañanas tranquilas. Un día más.
Estaban analizando los datos de consumo de cientos de casas de una misma urbanización. Habían hecho eso miles de veces. Pero esta vez algo no cuadraba.
Después de unas horas, encontraron la anomalía.
La urbanización estaba separada en dos por un pequeño riachuelo. Las casas a un lado del arroyo gastaban un 30 % menos de electricidad de media que las del otro.
No tenía sentido. Las casas estaban muy cerca unas de otras, eran idénticas, construidas por la misma empresa y el mismo año.
Había que moverse rápido antes de que alguien de arriba se pusiese nervioso. Crearon todo tipo de hipótesis para explicar el fenómeno. Examinaron mapas geológicos, fotos de satélite, nacionalidad de los ocupantes. Ninguna funcionó. Bueno, una que implicaba una realidad con 15 dimensiones y unos alienígenas sí, pero no quisieron presentarla.
Se subieron a una de esas grandes rancheras que gastan más gasolina que un tanque y se dirigieron a la urbanización.
Empezaron a tocar puertas explicando que eran empleados de la compañía eléctrica y preguntando si podían visitar las casas. Las casas eran IGUALES.
Excepto por una pequeña cosa.
Una chiquitita.
Casi nada.
El contador de electricidad en las casas de un lado estaba instalado en el sótano. En las del otro, en el vestíbulo de la entrada.
Imagina a Mary o a John, propietarios de una casita blanca. Llegan del trabajo, abren la puerta y se topan con la medición de su gasto de electricidad. Cada día. Sin querer. In your face.
No habían cambiado los precios. No habían puesto multas. No habían lanzado campañas. Solo habían movido dónde estaba la información.
Y el comportamiento cambió un 30 %.
Uno de los puntos de apalancamiento más infravalorados de cualquier sistema es la estructura de los flujos de información.
No quién tiene la información.
No cuánta información hay.
Sino dónde está colocada y si llega a quien puede actuar.
Cuando la información se hace visible, aparece un bucle de retroalimentación.
Y cuando aparece el bucle, el comportamiento cambia.
Sin discursos. Sin incentivos. Sin castigos.
¿Dónde está el contador de tu organización?
Si tienes que pensarlo más de cinco segundos, está en el sótano.
El equivalente al contador en el sótano es esto: métricas que solo ve dirección. Feedback de clientes que llega tarde o filtrado. Datos “suavizados” para no molestar. Consecuencias que nunca vuelven al origen de la decisión.
Cuando la acción se separa de la consecuencia, el sistema deja de aprender. Y cuando el sistema no aprende, se degrada. Lo que aparece entonces no es casualidad, son síntomas estructurales: rumores, decisiones erráticas, desconfianza, agotamiento, política interna.
No basta con añadir más información. Hay que ponerla en el lugar correcto y de una forma que obligue a reaccionar.
El error que cometes como manager intermedio
Como manager intermedio, estás atrapado entre dos fuegos: arriba, gente que quiere resultados; abajo, gente que quiere contexto y sentido. Y en medio, información que se pierde, se maquilla o se frena “para no generar ruido”.
El error habitual es pensar que más transparencia genera caos. Que si enseñas ciertos datos, la gente se preocupará. Que “no es relevante para ellos”.
Así que escondes el contador.
Y luego te preguntas por qué la gente optimiza mal, las prioridades se confunden, se repiten los mismos errores y nadie asume responsabilidad real.
Has desconectado a la gente de las consecuencias de lo que hacen, y esperas que actúen como si las vieran.
Lo que puedes hacer
La buena noticia es que restaurar flujos de información es barato. Mucho más barato que cambiar estructuras, roles o jerarquías. No necesitas permiso para la mayoría de estos cambios.
1. Reconecta acción y consecuencia
Muestra impacto real: en usuarios, en producto, en costes, en carga del equipo. Que un desarrollador vea qué pasa con lo que construyó. Que quien diseñó el proceso vea cómo lo vive quien lo usa.
2. Lleva la información a quien puede actuar sobre ella
La pregunta no es “¿quién debería saber esto?” sino “¿quién puede hacer algo con esto?”. Ahí es donde tiene que llegar.
3. Haz visible el impacto
Tu equipo no necesita ver más dashboards. Necesita ver qué pasa cuando su trabajo llega al mundo.
Este post forma parte de una serie sobre los puntos de apalancamiento de Donella Meadows aplicados al management. Ya hemos visto que el éxito del equipo puede convertirse en su condena, que cambiar parámetros no arregla nada, que los buffers son esenciales, que la estructura de los flujos importa más que los números, que los bucles de feedback te mantienen vivo, y que los retrasos pueden matarte.
Nos leemos.






