Cuando el éxito del equipo se convierte en su condena
Viernes, 17:30.
Tu equipo acaba de entregar. Otra vez. Mientras otros equipos se estancan, vosotros cumplís. Mientras otros se quejan, vosotros resolvéis.
El lunes a las 9:00, un mensaje de tu director:
“Necesitamos que os hagáis cargo de esto también. Vosotros siempre sacáis las cosas adelante”.
Y ahí está.
El premio por hacer bien tu trabajo: más trabajo.
Un bucle que se autorefuerza
En terminología de sistemas, un bucle de retroalimentación positiva (o bucle positivo) es un motor de amplificación.
Cuanto más ocurre algo, más probable es que siga ocurriendo.
Cuanto más dinero tienes, más intereses generas, más dinero obtienes.
Cuanto más éxito tiene un producto, más usuarios llegan, más visibilidad obtiene, más éxito acumula.
Y, por supuesto, cuanto más trabajo asume un equipo competente, más trabajo le dan.
Los bucles positivos son motores del crecimiento, pero también pueden ser las semillas del colapso.
El equipo estrella que absorbe todos los proyectos termina agotado.
La empresa que crece sin procesos se vuelve inmanejable.
Tu organización está llena de bucles positivos disfrazados de mérito
En sistemas existe un patrón llamado success to the successful: los ganadores reciben recursos que les permiten ganar todavía más la próxima vez.
En economía es evidente:
Cuanto más rico eres, más intereses cobras.
Cuanto más rico eres, más expertos puedes contratar para ganar más dinero y pagar menos impuestos.
En tu organización ocurre lo mismo:
Equipos competentes que reciben más tareas hasta saturarse.
Managers eficientes que heredan todos los problemas porque “saben resolverlos”.
Culturas que premian la visibilidad sobre el aprendizaje, amplificando el ruido y castigando la pausa.
Un ejemplo conocido
En Google, durante años, los lanzamientos de nuevos productos se han premiado con visibilidad y progresión interna. El resultado no fue calidad sostenida, sino un cementerio de productos iniciados y abandonados (Reader, Google+, Wave, Inbox, Stadia…).
A nivel individual, lanzar algo nuevo era una estrategia racional.
A nivel sistémico, el bucle premiaba el inicio, no el mantenimiento.
Y la compañía acabó pagando el precio.En todos estos casos, el sistema se acelera más rápido de lo que sus bucles compensadores pueden corregir.
Y entonces aparece el caos.
Cómo detectar que el bucle positivo ya está en marcha
Meadows advirtió que cuando un bucle positivo gira demasiado rápido, el sistema entra en un estado caótico: comportamiento impredecible, oscilaciones violentas y pérdida de control.
Eso pasa con epidemias, burbujas financieras… y con equipos.
Las señales suelen ser estas.
1. Concentración en los mismos
Si siempre son las mismas personas o equipos quienes reciben proyectos críticos, visibilidad o reconocimiento, el bucle ya está activo.
La lógica parece impecable:
“Démosle esto a Ana, que sabemos que lo hará bien”.
Pero cada vez que pasa, Ana acumula más experiencia, más credibilidad y más confianza organizativa.
La próxima vez, darle el siguiente proyecto crítico parece todavía más obvio.
Mientras tanto, otras personas nunca llegan a tener la oportunidad.
2. La velocidad se vuelve adictiva
El equipo entrega rápido.
Eso genera más demanda.
La demanda genera presión.
La presión lleva a atajos.
Los atajos crean deuda técnica.
La deuda hace que la siguiente entrega sea más difícil.
Y entonces la única respuesta que parece viable es ir todavía más rápido.
Llega un punto en el que nadie recuerda cuándo fue la última vez que hicisteis algo bien, en lugar de simplemente hacerlo deprisa.
3. No hay tiempo para frenar
Cuando propones mejorar procesos, documentar o formar a alguien nuevo, la respuesta es siempre la misma:
“Ahora no, hay demasiado trabajo urgente”.
Pero precisamente porque nunca hay tiempo para esas inversiones, el trabajo urgente no deja de crecer.
Cuanto más urgente es todo, menos capacidad tienes de reducir la urgencia.
El bucle se refuerza.
4. El sistema oscila
El sistema deja de crecer de forma estable y empieza a oscilar. Un pequeño empujón más y todo entra en caos.
En equipos, a veces se ve así:
Euforia tras una gran entrega
Todo el equipo al 100 %
Agotamiento, errores, crisis
Esfuerzo sobrehumano para recuperar
Euforia temporal
Y vuelta a empezar
Si tu equipo alterna entre “lo estamos petando” y “estamos al límite”, es un bucle positivo fuera de control.
Qué puedes hacer como manager
La intervención clave en un bucle positivo no es reforzarlo.
No hacerlo más fuerte, sino más lento.
1. Detecta los bucles de “éxito al exitoso”
Pregúntate:
¿Quién siempre recibe los proyectos críticos?
¿Quién nunca los recibe?
¿A quién pedimos ayuda cuando hay problemas?
¿Quién tiene visibilidad con dirección?
¿Quién no?
Si las respuestas se repiten, el bucle está activo.
2. Reduce la ganancia del bucle
Di “no”. Limita la expansión. Distribuye mejor la carga.
Sé que suena irrealista. Tu jefe te pide más velocidad, no menos.
Pero aquí está la trampa: si el bucle sigue acelerándose, acabará colapsando de todas formas.
Solo que entonces no decidirás tú cuándo ni cómo.
Reducir ahora es elegir una desaceleración controlada en lugar de esperar a que explote.
3. Refuerza los bucles compensadores
Los bucles negativos no son malos. Son elementos de compensación. Ya hablé de esto aquí.
Sin ellos, el crecimiento se convierte en una pendiente sin retorno.
Protege espacios de:
Descanso: slack real en la planificación
Formación: aprender, no solo ejecutar
Revisión: parar y pensar
Parecen lujos cuando todo va rápido.
En realidad, son los únicos mecanismos que evitan que el sistema se descontrole.
4. Redistribuye oportunidades
Diseña el sistema para que el éxito no se concentre siempre en las mismas personas.
Algunas formas concretas:
Rotación de proyectos críticos
Mentoría o pairing: quien siempre resuelve, enseña a otro
Visibilidad distribuida en demos y presentaciones
Si siempre ganan los mismos, el sistema se polariza.
5. Cuestiona la narrativa del crecimiento continuo
En muchos equipos, el mantra es "scale or die". Y eso no siempre tiene sentido (ojo, que, como todo, hay contextos puntuales en los que sí lo tiene).
A veces crecer más despacio es una forma más inteligente de sobrevivir. Es permitir que los mecanismos de regulación alcancen al sistema.
Si te lo puedes permitir, es mejor frenar el coche cuando vas demasiado rápido que pedir frenos más potentes después de chocar.
En conclusión
Los bucles positivos te dan impulso, son necesarios, pero sin bucles negativos que los regulen, te pueden llevar al caos.
Nos leemos.
P.D.: Este post forma parte de una serie sobre los puntos de apalancamiento de Donella Meadows aplicados al management. Ya hemos visto que cambiar parámetros no arregla nada, que los buffers son esenciales, que la estructura de los flujos importa más que los números, que los bucles de feedback te mantienen vivo, y que los retrasos pueden matarte.










